lunes, 13 de febrero de 2017

EL DÍA DE SAN VALENTÍN

     Como cada año y con toda puntualidad, llega el 14 de Febrero al que románticamente se le ha llamado el Día del Amor y la Amistad.

     Por lo que a mí respecta tengo muy clarito el día en que por primera vez tuve esa emocionante experiencia, cuando te decides y temblando de emoción declaras tu amor y cuando ella hace como que le va a dar una pensadita y luego por fin te da el ansiado SI y a partir de ese momento ya es obligado y permitido andar agarraditos de la manita y bailar de cachetito. (La verdad es que hoy en día más que bailar se practica la gimnasia y Yoga).

     Nada más que en el caso al que ahora me voy a referir corresponde al año 1958 y para entonces ya era otra la dimensión, en mi caso personal, yo ya era un adulto bien adulto de veintiséis y me atreví a declararle mi amor a una preciosa jovencita de apenas dieciséis abriles.

Cristina

     Ella se llamaba Cristina y junto con su mamá, recién se habían instalado en la colonia del Valle de la ciudad de México provenientes del Puerto de Veracruz. En ese entonces, madre e hija acudían a un salón de belleza que existía en esa área y justamente a ese mismo salón iba mi hermana Lourdes dando oportunidad de que se conocieran.

     En mi casa paterna, también en la colonia del Valle, en donde todavía vivíamos mis hermanos solteros Lourdes, Humberto y yo, era una costumbre ya instituida reunirnos los sábados por la tarde-noche con los amigos y amigas para escuchar y bailar al compás de los discos con las últimas novedades musicales del Hit Parade y a la vez, degustar algunos bocadillos que preparaba la inolvidable Conchita (mi mamacita), complementados con un buen postre, refrescos y café. 

     A esas reuniones no faltaban nuestros amigos más estimados y algunos vecinos como Gloria Rodríguez, conocida en el cine como Martha Rangel y sus hermanos Titina y Pepito Romay, los tres hijos del gran cineasta Joselito Rodríguez, hacedor de figuras como Pedro Infante y Blanca Estela Pavón. 

     Ahora era la oportunidad de invitar a la linda chica veracruzana y darle la bienvenida al grupo. La llegada de Cristy, invitada por mi hermana Lourdes, me dio la oportunidad de conocerla. Se trataba de una simpática jovencita simplemente preciosa, de muy graciosa figura y lindo rostro adornado con unos expresivos ojos verdes. 

     Esa oportunidad de haberla conocido, prendió la mecha de un auténtico interés por tratarla, sin imaginar que se iba a convertir en mi compañera y mi esposa hasta el último día de nuestra mutua existencia.


Cristy ya para cumplir los diecisiete años    
     Posteriormente a ese primer encuentro, yo tuve la oportunidad de que se me recibiera en su casa y conocer a su mamá, doña Cristina de Empáran, una señorona que en ese entonces fungía como rectora de la Universidad Femenina de Veracruz, muy apoyada y estimada por el Presidente Adolfo Ruíz Cortines y por el gobernador veracruzano Marco Antonio Muñoz, padrino de la joven Cristina. 

     En esa ocasión también tuve la oportunidad de conocer al único hermano de Cristy, se trataba del Ing. Gustavo Suzarte, era contemporáneo mío, quien recientemente se había graduado como Ingeniero Electricista en el Tecnológico de Monterrey. 

     Al papá de Cristy, el caballeroso don Gustavo Suzarte Méndez le conocí semanas después pues el se conservó por un tiempo en el Puerto de Veracruz al frente de su tienda Proveedora Veracruzana, donde se vendían equipos de línea blanca que el fundó después de veinticinco años de manejar la General Eléctric con sede en el puerto jarocho pero también cubriendo los estados aledaños. 

     Doña Cristina, por prescripción médica, tuvo que aceptar dejar el Puerto de Veracruz y vivir en la ciudad de México para estar cerca de alguno de los grandes hospitales en donde se cuenta con los equipos necesarios para determinados tratamientos. 

     El problema de mi relación con Cristy no era del todo la diferencia de edad, el problema era que ella, recién se había mudado a la ciudad de México y había dejado a su novio que era un joven cadete de la Escuela Naval de Veracruz y por ello y afortunadamente para mi, estaba habitualmente acuartelado allá en el Puerto y como consecuencia, no se podían ver más que muy de vez en cuando. 

     En cuanto a mis aventuras personales confieso que yo también tenía novia, se trataba de una linda señorita, una prenda muy preciada por ser la menor de una respetable familia y por lo tanto mucho muy protegida, tal y como se acostumbraba en las familias de aquellos tiempos.

     En los dos casos se presentía el poco entusiasmo que irremediablemente reinaba en esas mutuas relaciones que debiendo ser plenas de cariño y entusiasmo, era todo lo contrario, la verdad es que estaban más que bloqueadas.

     Por otro lado, yo ya era un grandulón de veintiséis años dedicado al trabajo y recién salido de la escuela en donde había concluido mis estudios para recibirme de arquitecto. Precisamente en esos días, yo estaba dedicado a cuidar y hacer crecer mi despacho en donde proyectaba y controlaba el avance de las obras de construcción que me eran encomendadas. 

     Recuerdo que como complemento a mi quehacer profesional se me ocurrió comprar un camión volteo para servir mis propias obras y a la vez las ajenas que así lo solicitaran. 

     Para saber lo que era operar un vehículo de ese tipo y para aprender a torear a los mañosos choferes, yo tuve que saber como se acostumbraba surtirse de grava y arena en las minas de Santa Fe y esa situación me obligó a hacer en algunas ocasiones mi visita a esas minas y a la vez, visitar a Cristina, la linda jovencita que vivía en la calle de Ángel Urraza y que ya me tenía muy entusiasmado en mi Ford F-8.

Era un potente Ford F-8 y había que pagarlo en doce meses.   

     Seguramente alguna de esas veces di mala impresión por haberme atrevido a hacer la visita llegando a bordo de ese rudo vehículo. Ahí en la calle esperándome mi aparatoso camión en lugar de mi auto recién lavado. Por otro lado, no era mi intención aparentar situaciones que no eran.

     Al mismo tiempo, la presencia del referido camión me sirvió más de lo imaginable pues en una ocasión llegue de visita al mismo tiempo en que llegaba con la misma intención un amigo de Gustavo el hermano de Cristy, que se quería lanzar como pretendiente independiente y al verme llegar en semejante y aparatoso traste prefirió no volver a aparecer jamás. Seguramente pensó que yo era una especie de rudo gorila.

     Un buen día, surgió la oportunidad de la declaración. Yo llegué a visitar a Cristy decidido a decirle todo lo que sentía por ella pero me encontré que en el momento en que yo llegaba, salía con su hermano Gustavo acompañado por su guapa novia llamada Linda y por su primo Humberto acompañado por Tere la hermana de Linda a pasar el rato en el Café del Parque al que les gustaba ir por el ambiente y por el buen café. Me invitaron a sumarme al grupo y encantado de la vida me agregué.


La muy bella Cristina.

     Al llegar al citado Café situado en Insurgentes casi con Romero de Terreros, ocupamos una mesa y quedamos ella y yo exactamente enfrente de mi futuro cuñado que conversaba con su novia y con la otra pareja. Cristy y yo traíamos otra conversación y la verdad es que estaba un poco incómodo porque me había decidido a que ese día pudiera declararme para formalizar nuestra relación que indudablemente iba con excelentes perspectivas.

     Mientras degustábamos el café y como era mi buena o mala costumbre, complementaba mis palabras con una pluma en la mano a base de trazar líneas, figuras o cualquier tipo de garabatos o escribiendo palabras sin ton ni son en cualquier papel o hasta en una servilleta.

     Entonces, con la idea de anticipar a Cristy las intenciones que ya no podía, ni quería, ni debía ocultar y cayendo en la imprudente falta de discreción estando frente a su hermano, opté por recurrir a una forma de expresarme sin caer en la indiscreción. 

     Comencé a escribir en un papel cualquiera en una fila vertical las letras del alfabeto griego comenzando con alfa, beta, gama delta, épsilon, etc., y terminando con fi, ji, psi y omega y sugiriendo a ella a que pusiera al lado de cada una, la letra a la que correspondía. Claro que en el alfabeto griego no existen algunas letras como la q y la y

     A Cristy le cayó en gracia el reto y comenzó a anotar a que letra de nuestro abecedario correspondía cada una de los símbolos griegos que yo había delineado. 

     Entonces me animé y justamente enfrente de su querido hermano quien no podía disimular lo celoso que era por ahí adentro, comencé a escribir determinadas palabras, en el siguiente orden:


k p e o   k u e   t e   e c t o i   k e p i e v d o   m u k n o 



kapa ro epsilón ómicron / kapa ípsilon epsilón / tau epsilón / 

epsilón sigma tau omicron iota / 

kapa epsilón ro iota épsilon ni delta omicron / mi ípsilon kita omicron.


c r e o   q u e   t e   e s t o y   q u e r i e n d o   m u c h o



     El lujo y riesgo de este avance de declaración fue el habérmela ejecutado a escasos setenta centímetros de mi futuro cuñado, quien todavía me observaba con cierta desconfianza, creo que no me acababa de ver con muy buenos ojos.

     Al enterarse Cristy lo que tan discretamente le expresé, se sonrojó y con su mirada y valiéndose de nuestro directorio de letras griegas, me dijo algo muy lindo:
                


iota ómicron / tau alfa mi beta iota epsilón ni 



y o  t a m b i é n…



     En seguida y por la más elemental precaución, Cristy guardó el papelito lleno de letras griegas y procurando ocultar nuestro estado de ánimo, nos integramos a la conversación con nuestros compañeros de mesa.

     Al día siguiente, en mi habitual y ansiada visita, en el momento en que fue propicio, la tomé de sus temblorosas manitas, como si ellas supieran lo que iba a suceder... y en seguida le pregunté:

                                 
Cristy, quieres ser mi novia??????


     Me miró tiernamente y me dijo casi en secreto: Te contestaré en unos días. Entonces yo me encresté y le dije firmemente: Lo que me vas a decir después, dímelo ahora… y entonces ella con una dulce mirada me dijo:
   
Si, si quiero ser tu Novia.



A los pocos meses Cristy lucía su anillo de compromiso.    



     Y como en las películas, sellamos el momento con un tierno, respetuoso y apasionado beso y aquí estamos a 58 años de ese memorable sentimiento de intensa e inolvidable emoción y a 56 de haber fundado nuestra incomparable familia integrada por: 

(6+4) = 10 hijos, 16 nietos y ( 3+1 ) = 4 Bisnietos 
30 ABAROA-SUZARTE




En San Diego, haciendo homenaje a la gigantesca y famosa
estatua del marino que regresa de la segunda Guerra Mundial.
 


A que con el pinche de San Valentín!!!
¡ AJÚA !!!!!!!!!!!!

1 comentario:

  1. Te emocionaste tanto que te salio lo Gumaro al final.pero lo vale por la bonita historia

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