viernes, 6 de diciembre de 2013

CADA QUIEN DESPACHA DESDE DONDE PUEDE ó DESDE DONDE LE PLACE

Hace ya un buen bonche de añitos recibí la muy agradable visita de un buen amigo, de un gran amigo que me distinguía con su fraternal amistad desde que éramos unos verdaderos pubertos. Para entonces yo vivía en la Ciudad de México, justamente en la otrora agradable Colonia del Valle.
El trabajaba en una compañía que importaba, procesaba, vendía y colocaba marmol y granito procedente de Italia y de Brasil y como en todos los negocios, en su planilla de clientes contaban con clientes correctos, altaneros, consecuentes, insoportables, pagadores, tramposos, formales, etc., etc.  Pero en el caso de mi amigo, tenía un clientecillo fuera de serie y que lo traía por la calle de la amargura.

Se trataba de un especímen prepotente, déspota, rico, tramposo, y para acabar pronto, detestable. Se trataba de un viejo regordete que regularmente transitaba por debajo de una carísima tejana y que se hizo rico a través de su tenebrosa trayectoria, pero llegó al grado de mucho muy rico a la sombra de otro  funesto bandido que además era un temible asesino, que llevaba por nombre Maximino Ávila Camacho, hermano mayor del Presidente Caballero. Éste Maximino fué un renacuajo que no debía haber nacido.


El “ejemplar” personaje al que me estoy refiriendo (el tío de la tejana), llevó por nombre José García Valseca, nació en la Ciudad de Puebla el 7 de enero de 1901 y se ostentaba altaneramente como coronel del Ejército Mexicano, grado que  le dió base, fuero  y fuerza a su instinto de prepotencia, debido a sus méritos militares allá en tiempos de la revolución.
Por cierto que cuando éste  mencionado sujeto creyó haber logrado ese halo que ilumina a los personajes paridos por las hadas, recibió la sorpresa de un total rechazo al pretender entrar al edificio de la Universidad de Puebla acompañando al gobernador en turno y se abstuvo de hacerlo dada la leyenda que con grandes letras  en una gran manta blanca rezaba:  “GARCÍA VALSECA, NO ERES GRATO EN ÉSTA CASA” y el tío simplemente no entró y como por arte de mágia se esfumó.  
Es cierto que dentro de su oscura forma de desarrollarse  a lo largo de su vida fue muy hábil y en la búsqueda de beneficiarse personalmente, también benefició al gran grupo de productores de periódicos y revistas, sobre todo cuando logró que el presidente Miguel Alemán Valdés allá por 1947 condonara un importante adeudo que tenían  los editores a nivel nacional con la productora de papel PIPSA mísma que estuvo a punto de hacer quebrar al gran grupo que conformaban esa industria.
Pues el caso es que mi amigo me pidió que le acompañara a la casa del petulante sujeto a en donde hacía ya un buen tiempo había colocado un considerable número de metros cuadrados de marmol de Santo Tomás de Puebla en el piso de sus diez cocheras y una importante cantidad de marmol de Carrara que procedente de Italia se había importado para instalar en los pisos y lambrínes de sus enormes y afrodisiácos cuartos de baño.
Ésta era le enésima vez que el tramposo tío hacía venir desde Puebla a mi amigo con la promesa de liquidar su cuenta pendiente ya desde tres meses atrás, con el agravante de que ese tipo de cuentas de trabajos hechos en su casa,  las manejaba el personalmente .                  
Así es que llegamos a Tlacopác, ya cerca de San Ángel y no tardamos en estar frente a  la entrada a la enorme propiedad que casi cubría una manzana completa.
Con la recepción que nos dieron los seis guaruras que nos cerraron el paso y después de la obligada identificación y la comprobación de que había una cita previamente concedida por el famoso Coronel, nos introdujeron pasando primero a un lado de donde se encontraba estacionado su famoso autobus para uso personal, un formidable Fitz John plateado que en la frente, por encima del parabrisas y por abajo de la sirena cromada con  potente faro rojo, lucía el letrero en el que normalmente se anuncia el destino de determinado viaje y que en éste caso simplemente se leía el nombre de “EL SOL” haciendo referencia al periódico de su invención. De ahí nos guiaron hacia el interior de la casa en donde suponíamos que el extravagante señor nos estaba esperando.


Pasamos por el vestibulo, por un lado de la biblioteca, por una salita pequeña, otra mas grande, ahora un pasillo desde donde se veía el comedor, llegámos a la amplia escalera que me hizo recordar las películas de Mauricio Garcés y ya en la planta alta, terminamos el recorrido frente a la puerta de la recámara del condenado Poncio Pilato.
El guarura hizo un discreto toque y escuchamos el típico: Adelante!! el gorila nos indicó que podíamos pasar y pasamos.
Lo que vimos a continuación fué realmente increíble. En un cuarto de baño muy especial y diferente a lo que es común y corriente pues estaba abierto a la recámara y justamente precisamente al frente de nosotros, ahí estaba el coronel sentado en el excusado haciendo lo que que se hace en el excusado, cagando.
Éste viejo chiflado y cochino tenía instalada la cubierta abatible de su muy personal escritorio en el que acostumbraba adelantar sus pendientes de trabajo  mientras se deleitaba aspirando sus muy peculiares aromas mientras cagaba.
Nosotros atónitos contemplábamos la escenita mientras él terminaba con una llamada telefónica haciéndonos la seña de que esperáramos un momento.
Antes de que vomitáramos ó decidieramos salir de su mugroso aposento sin más explicación, cortó su llamada y como si no supiera a que íbamos nos preguntó que se nos ofrecía.
 Mi amigo le dijo con mucha seriedad: Mire usted, seguramente estará enterado de que he venido no menos de siete veces desde la ciudad de Puebla para cobrar la cuenta que tiene pendiente de liquidar con nuestra empresa. Me estoy refiriendo al marmol que se colocó en el piso de sus cocheras y etc., etc.
Entonces el repugnante personaje nos indicó que esperaramos en la salita chica donde íbamos a firmar la póliza del cheque que nos iban a entregar.
Por fin, salimos de ese asqueroso lugar  y treinta minutos mas tarde mi amigo recibió el cheque, firmó la póliza y salimos horrorizados de la casa del tal García Valseca.
Yo en lo particular pensé y deseé:  ojalá se pudra……y al poco tiempo,……… se pudrió!!!.
Éste suigeneris ser humano falleció en 1982 a la edad de 81 años.
A ver como nos va en la reencarnación.

SEGUNDA PARTE
Y SIGUE LA MATA DANDO

Un día de tantos, recomendado por no se quien, llegué a la casa de un ricachón de nombre Rafaél  a quién apodaban “El Pato” debido a que era dueño de una embotelladora de refrescos muy aceptados e identificados como Refrescos Pascual, de ahí el apodo.
Anteriormente, el había trabajado muy duro introduciendo en México la novedosa forma de obtener y consumir el agua potable embotellándola para su consumo en casa.
Los refrescos Pascual se distinguían porque en su contenido, se podia palpar la pulpa de las distintas frutas con la que estaban hechos.
El caso es que éste señor me recibió y me recibió con la seriedad que le caracterizaba.  Me dijo que requería de mis servicios como arquitecto porque deseaba construir en un área aledaña a su casa dentro del mismo jardín, sus oficinas porque para el ya era muy incómodo trasladarse todos los días al punto en donde se encontraban sus oficinas.
El, con su familia, vivía en ese pedacito de los Estados Unidos llamado Country Club Churubusco, en una casa que no negaba ser del estilo de las casas de solución arquitectónica y estructural a la gringa.



Desde hacía ya algún tiempo él ya trabajaba desde su casa y no queria que asi siguiera siendo. Así pues, después de escucharlo y de tomar nota de todas sus indicaciones, procedí a despedirme para volver al día siguiente para inciar mi trabajo haciendo un levantamiento del lugar, dibujar los planos correspondientes y presentarle la primera propuesta del proyecto arquitectónico que estaría sujeto a su consideración hasta alcanzar su aprobación.
Una vez aprobado, se dió inicio a la construcción, situación que me obigaba a entrar en determinadas ocasiones a su casa. Las dos primeras veces me recibió por ahí en el comedor y en la sala pero la tercera vez en que me tenía que hacer un cheque, su chofer me pidió que lo siguiera hasta el interior de su recámara y ahí me encontré a mi distinguido cliente haciendo el mencionado cheque en su escritorio abatible y sentado en su excusado que afortunadamente estaba cerrado, usado en ese momento como una simple silla.
Ahí, exactamente en ese instante me vino a mi confuso cerebro la imagen del inolvidable renacuajo García Valseca, aunque ese si recibía cagando y sin complejos de ninguna especie.
Cuando me cayó el veinte, comprendí con claridad que mi cliente era un super fan de García Valseca y que seguramente desde que era niño expresaba sus deseos de: “Cuando sea grande quiero ser como el Coronel”….y así fué.
Después de recibir el cheque, el chofer edecán me guió hacia el exterior de la casa pero ahora por otra puerta y con gran sorpresa me encontré con su flamante autobus Fitz John plateado con su sirena y faro rojo al centro de su frente y sobre la ranura envidrierada en donde se se leía simplemente: “EL PATO”
Yo continué trabajando en lo mío y avanzando en la construcción de las nuevas oficinas hasta que un día me recibió mi maestro de obras Ángel Ambríz con la novedad de que estuvo ahí en la obra el dueño acompañado de un señor y que le estuvieron pidiendo los planos estructurales y mientras los veían le hacían preguntas relativas a los armados de acero y la resistencia del concreto.
A mi me molestó que no lo hubieran hecho contando con mi presencia y  expresándose como lo hicieron a mis espaldas. Me aguanté y esperé a que se presentara el momento adecuado y el momento llegó.
Después de un par de días, estando yo revisando la obra, se me acercó mi cliente y me dijo que me tenía malas noticias. Había estado con el el ingeniero quien sabe que y había juzgado que yo, seguramente con el afán de hacer negocio había hecho la cimentación mas chica de lo que marcaban los cálculos.
Mi primera reacción fué decirle que sentía mucho que no tuviera confianza en mí, dada mi trayectoria profesional de la que tuvo conocimiento antes de iniciar nuestra relación de trabajo. También le dije que no tenía caso hablar con el de esos delicados temas del uso adecuado ó inadecuado del acero y del concreto puesto que el no sabía de eso, pero que yo le sugería que citara al tal ingeniero que me juzgó y ahí delante de el, aclarar situaciones.
El señor aceptó y en un par de días mas, estuvimos frente a frente con su amigo el ingeniero. Para empezar, me identifiqué con mi credencial de miembro del Colegio de Arquitectos de México, que por cierto, por mi apellido, me correspondía el número uno y le solicité que hiciera lo propio. Hubo silencio y comenzó a atacar.
Yo insistí  y le dije que necesitaba estar seguro de con quién estaba tratando. Le pedí que cuando menos me dijera su grado de estudios, su escuela, su experiencia, el nombre de alguién que pudiera avalar su grado de preparación. Fué entonces que intervino el propietario alegando que dada la amistad que llevaba con el presidente  Echeverría, estaba arreglando lo necesario para que se le concediera el título de ingeniero civil, dado que contaba con la experiencia necesaria.
Yo me mostré muy incómodo ante tal situación  y les pedí que para terminar de una vez, que me explicaran por qué consideraban que yo había obrado equivocadamente.
Entonces el tío éste me señaló tomando como ejemplo una de las zapatas de cimentación y que en la memoria de cálculo decía  que  el área de sustentación era de cuatro metros cuadrados y yo, pasando por alto esa delicada condición las había construído de dos metros por dos metros, ó sea, según él, de dos metros cuadrados.
Mi reacción fué de mucha risa porque el especímen éste que presumía ser ingeniero y que esperaba que su importante amigo le consiguiera su título, pensaba que las zapatas debían haberse hecho de cuatro por cuatro sin tomar en cuenta que en esa forma hubieran arrojado dieciseis metros cuadrados en lugar de los cuatro metros cuadrados que yo construí con mis correctas zapatas de dos metros por dos metros y desde luego con el correspondiente acero de refuerzo dada la carga por soportar y la capacidad de carga del terreno.
Después de éste elemental y vergonzoso desenlace, no tuve mas remedio que decirle a mi ex cliente: le ruego que a partir de éste momento le encargue a su amigo que continúe con la obra y ojalá lo sepa hacer. Yo en éste momento me retiro con toda mi gente y tome nota de que mañana mísmo cancelaré mi firma que da base a la licencia de construcción que saqué a mi nombre como Perito Responsible de Obra.
Con alguien de mi oficina le enviaré mi liquidación de acuerdo al avance de la obra al día de hoy para que me haga favor de extender el cheque correspondiente.
Buenas tardes y hasta luego…..!Vámonos maestro Ambríz!!,…. por favor retire a toda la gente y que se repartan en las demás obras a partir de mañana.
Al dueño de semejante circo le envié la liquidación, sobre la que me pagó lo que quiso y cuando quiso y no volví a saber de él hasta un día de tantos en que en la prensa aparecieron sus esquelas.

Y como dicen por ahí:   Continuarémos por el camino.!!!!

  

2 comentarios:

  1. La casa si ocupaba una manzana entera, Tenía tantas salas y antesalas y largos pasillos y mas salas inesperadas, laberínticas todas diseñadas exprofeso para confundir a aquellos que pudieran ser intrusos y permitir espacios ocultos por donde el Coronel y su familia salieran íntegros de cualquier atentado o intromisión, una seguridad interna única e impresionante dentro del recinto. Y era una gran manzana, pero eso no era la medida ni de su fortuna ni de su poder. Efectivamente para muchos fue una figura déspota, autoritaria y prepotente... con un trato a veces esquizofrénico en la conducción de sus negocios. Para la familia fue un pilar y una generosidad constante, un guardia seguro de nuestra educación y bienestar. Su tiempo para la familia era corto pero de extrema calidad. Su amor por su esposa, legendario.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por su comentario.
      Saludos,
      Arq. Gabriel Abaroa Martínez

      Eliminar