sábado, 10 de abril de 2010

EL RANCHO DE DON PANCHO

Una vez concluida la obra de restauración de la mansión de San Ángel, el arquitecto Francisco Artigas Carranza quiso conservar al equipo que ya habíamos formado y  quiso que iniciáramos las obras de mejoramiento y ampliación de lo que el llamaba “El Rancho del Desierto”.

El Rancho era una hermosa y extensa propiedad que don Pancho poseía desde mucho tiempo atrás en el camino al Desierto de los Leones, nombre curioso y equivocado porque ni es desierto ni hay leones, por el contrario, es un lugar semi montañoso, pleno de árboles, nutrida flora y abundantes arroyos. Pues ahí, el señor arquitecto Artigas tenía una discreta y envidiable manada de caballos entre charros, árabes y cuarto de milla.


También poseía debidamente protegidos bajo unos cobertizos construidos para tal efecto una colección de sus autos que pudo conservar a lo largo de su vida. Eran sus autos consentidos, tenía desde su Cadillac convertible modelo 52 hasta un MG TF 53, un trio de Jaguares, un precioso Mercedes convertible, un extraño auto de la marca Stutz, un muy bien conservado Thunderbird de los clásicos y hasta un Rolls Royce del año 37.


Pues nuestro trabajo consistió en remodelar, mejorar y ampliar todo ello, cuidando exageradamente el estilo conocido popularmente como “Colonial Mexicano” que el señor Artigas manejaba magistralmente. Construimos una encantadora casita para don Lupe el caballerango y un salón que bautizamos como “El Sillero” en donde guardaba, lucía y presumía su colección de hermosos albardones y sillas de montar.

Poco a poco nos fuimos ampliando en el área de trabajo. Construimos su nuevo e inmejorable taller de arquitectura que aún guardando el estilo rústico ya referido, tenía resuelta una adecuada iluminación cenital y demás factores convenientes para dibujar y elaborar los magníficos proyectos que acostumbraba generar.   


Proyectamos y construimos algunas de las residencias que el siempre deseo para cada uno de sus diez hijos y algunas otras instalaciones para bienestar y esparcimiento de la familia.

Recién llegamos a trabajar a ese increíble lugar, descubrí una amplísima área donde habían instalado una serie de cobertizos bajo los que guardaban perfectamente estibados y clasificados un sinnúmero de vigas, vigones y gualdras, herrerías de diseño muy especial, miles de sillares y bloques de cantera que fueron parte de viejas construcciones existentes en la parte mas antigüa de la ciudad.

Algún día, el arquitecto me dijo que esa verdadera montaña de viejos materiales, la iba a usar en la construcción de un castillo que tenía pensado fincar en algún lugar de ese su gran terreno. El, desde siempre tuvo el deseo de realizar como su obra cumbre un verdadero castillo de la época medieval.

Pues antes de concluir las formidables obras que programó realizar en el famoso Rancho de don Pancho, pudo adquirir un terreno aledaño que además de tener las dimensiones adecuadas, tenía en su accidentada topografía características muy apropiadas para realizar ahí su obra mil veces soñada.

Así fue que en su flamante y bello taller de arquitectura, empezamos a escuchar de él, los lineamientos muy generales a los que nos debíamos de apegar para iniciar el proyecto de  “El Castillo del Arquitecto  Artigas”. 

4 comentarios:

  1. Un buen recuerdo a mi papá le agradará verlo.
    Un saludo de su parte y mio.

    Atte.
    José Hernández
    (hijo de Germán)

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    1. José, muchas gracias por tu comentario.
      Salúdame mucho a tus papás.
      Arq. Gabriel Abaroa Martínez

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  2. Interesante artículo. Me gustaría saber si esa estatua de El Cid es del mismo Julián Martínez que el Pancho Villa del parque de los venados, en la Ciudad de México. Y si tiene información acerca del año en que se construyó.

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  3. Enhorabuena por el blog, don Gabriel.
    Soy un profesor universitario español estudioso de la escultura mexicana del s. XX. Me gustaría saber si usted tiene más información sobre la estatua del Cid, obra de don Julián Martínez.
    Un saludo (cereceda.miguel@gmail.com)

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